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EL TMEC

Pues el día de ayer dió inicio el nuevo y flamante TMEC. Sin duda es una buena noticia saber que el tratado entre los tres países de América del Norte continúa, por dos razones principales: las cadenas de valor y la importancia del bloque económico frente al resto del mundo.

Ya tenía tiempo de no enviar algún boletín, y es que las noticias han sido un pantano maloliente: entre las notas sobre el manejo de la pandemia, la inseguridad y los temas de política que son poco provechosos, no había noticias muy relevantes que merecieran algún tiempo. No que estos temas no afecten nuestra economía o a nuestros mercados, pero los impactos de toda esta situación al sector ya habían sido explorados en nuestros diversos artículos.

Pero el 1 de julio hubo un evento histórico para el bloque económico de América del Norte: la entrada en vigor del nuevo tratado comercial que regulará las relaciones entre los tres países a partir de esa fecha.

Hablemos primero de la historia. El TMEC es el hijo recién nacido del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte). Todo inició en junio de 1990, cuando los tres países, ante necesidades propias de la región y frente al surgimiento de potencias económicas en otras partes del mundo, acuerdan que se debe establecer un tratado que promueva el libre comercio entre ellos. Las negociaciones comienzan en febrero de 1991 y el acuerdo se firma finalmente el día 8 de diciembre de 1992 por los mandatarios Salinas, Bush y Mulroney. Pasaron algunos meses para que las economías respectivas se prepararan y entró en vigor el 1 de enero de 1994, hace 26 años y medio.

Durante estos 26 años, la región se fue consolidando, integrando cada vez más cadenas de valor (ver artículo sobre cadenas de valor ) y haciendo frente al agresivo crecimiento de Europa, de los tigres asiáticos y de algunas otras economías emergentes.

Los resultados del tratado son cuestionados en los tres países que lo suscribieron y es que como en cualquier negocio, hay ventajas y desventajas. En algunas áreas se ha ganado y en otras no tanto. Sin embargo los expertos sugieren que el balance ha sido bueno para las tres naciones. Aquí te comparto un poco de lo bueno y otro poco de lo malo, tú genera tu propia conclusión:

En México se triplicaron las exportaciones vs 1991. Para 1998, ya exportábamos 94.6 millones de dólares y nos convertimos en el segundo socio comercial de Estados Unidos. Desafortunadamente, fuimos "comodinos" y nos volvimos dependientes de este "cliente", ya que a pesar de ser de los países con más acuerdos y tratados comerciales firmados, nuestra política exportadora no ha sacado provecho de ello. Por otro lado, el contraste salarial entre los trabajadores mexicanos y los de los otros páises fue sumamente alto, lo cual hizo que empresas estadounidenses y canadienses aprovecharan y establecieran plantas manufactureras en nuestro territorio, generando así inversión y empleo. Si bien, el total de la inversión extranjera directa no aumentó vs el período pre-tratado, si nos mantuvimos como una nación competitiva para atraer capital, ante la agresiva aparición de países sudamericanos y asiáticos. El bemol más grande se considera el impacto en el sector agrícola mexicano, pues no sólo no hemos crecido sustancialmente en exportaciones agropecuarias hacia Estados Unidos, sino que nuestras importaciones de productos estadounidenses han llegado a superar a nuestra propia producción nacional.

En Estados Unidos y Canadá, el efecto ha sido más positivo, salvo la reubicación de manufacturas hacia México. Sin embargo, su sector agrícola e industrial se han beneficiado expandiendo su mercado exitosamente. A pesar de los discursos de campaña en Estados Unidos, la pérdida de empleos por motivos relacionados al tratado ha sido marginal. En realidad, la automatización de procesos a través de sistemas informáticos y robotizados, ha sido más bien la responsable de la contracción laboral de los estados del centro de aquel país.

Tal vez el efecto más positivo (y muy difícil de medir) es la consolidación de Norteamérica como un conglomerado económico y comercial para hacer frente a la Unión Europea y Asia principalmente. ¿Qué hubiera sido de México, Canadá e incluso de Estados Unidos si la economía europea o los tigres asiáticos no habrían tenido el contrapeso que ha representado el bloque de América del Norte? La respuesta es poco cuantificable, pero algunos estudios sugieren que sería desastroso.

Ahora miremos al TMEC.

Donald Trump, durante su campaña inicial, mencionaba que México y Canadá abusábamos comercialmente de su país. Según él, nos habíamos beneficiado durante años de condiciones mal negociadas para Estados Unidos. Y comenzó una guerra mediática contra el TLCAN. Fruto de ello fue una re-negociación del tratado que dio finalmente como resultado que el 20 de noviembre, los primeros mandatarios Peña, Trump y Trudeau firmaran el acuerdo en la ciudad de Buenos Aires. Cada Congreso tendría que ratificarlo y finalmente el 1 de Julio entró en vigor.
Si bien, entre ambos tratados hay diferencias de forma y de fondo, tal vez lo más relevante es analizar el discurso, pues políticamente, en los tres países se menciona como un gran logro y de que será, en buena medida, el salvavdidas de las tres economías, sobre todo frente al impacto financiero que la pandemia está generando. La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué sería un salvavidas si ya existía un TLCAN (y que por cierto, seguía operando)?

Bien, pues no es un nuevo salvavidas o uno adicional: estábamos ya flotando en el desplome económico post-covid, y lo único que hicimos fue cambiar de salvavidas.

Lo terrible sí, habría sido soltar el que traíamos debajo de las axilas y no tomarnos de ningún otro. En ese sentido sí es una buena noticia. Pero debo señalar que para nuestras economías no implicará necesariamente un 'boost' adicional que permita salir de la tormenta con propulsión y agilidad de 'hidrojet', aunque definitivamente no tenerlo, sería como nadar con polainas de plomo en ambos pies.

La buena noticia pues, es que continuamos con un tratado. Y esto implica que algunas de las inversiones que quedaron en 'stand-by' desde el momento en el que Trump puso en tela de juicio la continuidad del TLCAN, se destraben. Y digo algunas, porque desde la campaña electoral de aquel país, el mundo ha cambiado demasiado y temas como los embates de la pandemia y la política interior en nuestro país han impactado la percepción del gran inversionista sobre México como destino de su inversión.




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