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Honor a mi padre

Hace dos sábados falleció mi padre.
Entenderás que por eso, la semana pasada y algunos días más estuve parcialmente ausente del blog.
No te digo que no fue difícil, que no lo echo de menos, que su partida no deja un gran vacío temporal de aquí a que lo vuelva a ver. Pero he decidido buscar y encontrar lo bueno de todo esto.

Quiero compartirte unas reflexiones que nada tienen que ver con el sector inmobiliario, ni con tu negocio ni con el mío. En realidad, tienen que ver con la vida misma, y finalmente, nuestra forma de vivir afecta también la forma en la que hacemos negocios, así es que espero que las recibas, pues lo escribo con el corazón en la mano y con una razón transformada.

Aquí las ideas que han dado vueltas en mi cabeza:

  • Todo tiene un lado bueno.


  • Aun en medio de la tormenta, el COVID-19, la economía, el estancamiento en el sector inmobiliario, y un largo etcétera, vino a mi vida esta situación. Ello me lleva a desmentir poderosamente la negatividad con la que usamos la frase de “lloviendo sobre mojado”. Finalmente, el piso ya está mojado, o inundado tal vez, así es que otro aguacero no se siente tan duro. Insisto, no te digo que no ha sido un proceso difícil para mí, sobre todo después de perder a mi madre hace algunos meses, pero quizás el hecho que haya sido en medio de otra “crisis” me lleva a agradecer tal vez que no es que estaba en medio de la bonanza en un jardín lleno de flores cuando de pronto, de la nada, llega esta terrible noticia a mi vida. En medio de una situación fuerte como la que todos estamos viviendo, llegó esto. Ni modo. A darle. A resolver. A capitalizar. A buscar respuestas en mi fe y con mi familia. Con todo. ¡Ni un paso atrás!

  • Las crisis nos deben de llevar a replantearnos.


  • Situaciones como la pandemia o la pérdida de un ser querido tan cercano como lo es un padre o una madre, traen a nuestra vida la maravillosa oportunidad de crecer. La pandemia ha hecho que nos cuestionemos muchas cosas sobre la forma en la que los negocios se hacen en el sector inmobiliario en México. Así también, la muerte de un padre nos lleva reflexionar: ¿será que estoy viviendo como él me enseñó? ¿será que honro su vida con la mía? ¿será que he capitalizado sus errores para no cometerlos yo, o simplemente los estoy repitiendo? Es decir, las crisis y las tragedias, nos deben llevar a conquistar terrenos que no habíamos conquistado, a lograr victorias y alcanzar retos que no habríamos siquiera pensado si todo fuera lindo y cómodo en nuestra vida. Este tipo de situaciones deben de llevarte a sacar lo mejor de ti mism@. Si no tienes los recursos para eso, búscalos: siempre hay una mano amiga, un familiar, un hijo, tu pareja y una fe que estarán ahí list@s para ti, para prestarte emocional y espiritualmente lo que te haga falta para salir adelante. Y este préstamo, no implicará una deuda. Por el contrario, te acercará más a los que estuvieron ahí para ti.

  • Busca la nueva dimensión.


  • El hueco que dejan los que se van, es insustituible, nada ni nadie lo podrá llenar. No importa si el hueco es grande o pequeño: esa persona recibía de ti un afecto específico, un amor particular. No podrás sencillamente cambiar la dirección de ese sentimiento hacia alguien más. Pero sí puedes buscar propositivamente que tus relaciones con quienes se quedan, cobren otra dimensión. Sí, a nivel general, puedes decidir tener relaciones más profundas, menos prejuiciosas, más transparentes, más pulcras. De pronto te darás cuenta de que el hueco sigue ahí, pero que no te duele, si no que la partida de ese ser te llevó a desbordarte con muchas personas.

  • Perdona y cicatriza.


  • No hay nada peor que la amargura. Dicen que la amargura es un veneno que te tomas tú, pensando en que quien se hace daño es el otro. No importa si quien se fue, hizo mucho o poco daño, pues seguro había muchas cosas buenas también. No importa tampoco si te quedó a deber emocionalmente. La mayoría de las personas nos dan lo mejor de sí mismas. Con sus pocos o muchos recursos. Mucho depende del concepto de amor que cada quién ha recibido desde la infancia. Tú y yo tenemos grandes virtudes y grandes defectos, igual que quienes se nos adelantan. Juzgarlos sólo por sus defectos es injusto y ante esta postura, sólo hay un afectad@: tú mism@.

    Aquí aclaro: mi padre me dio siempre todo lo mejor que pudo. Con todo su amor y su dedicación. No quiero para nada minimizar sus afectos ni sus esfuerzos para formarme. De hecho, estoy convencido de que fue un gran padre que me inculcó valores muy profundos sobre mi patria, el trabajo, la honestidad, la tenacidad, el siempre ir por más, me enseñó a pensar y a hacer preguntas, a utilizar herramientas, a aventar piedras en el agua, a andar en bicicleta, a patinar… Y sus errores no fueron más que eso: errores. Como todos los tenemos. Ni más, ni menos.

  • Alza la cabeza.


  • Decía que estamos en medio de la pandemia sanitaria y económica. Y ¡pum!, de pronto llega esto. ¿Qué hago? ¿me deprimo? ¿me clavo en mi dolor? Si decido eso, seré presa de las estadísticas. No lo acepto, no lo quiero. Así es que las crisis nos deben de llevar a tomar fuerzas, buscando recursos y saliendo avante. Como no soy avestruz, no meteré la cabeza en la tierra. Por el contrario, arriba y adelante. Con nuevos bríos, con más ganas, honrando la memoria de mi padre.

    Te garantizo que nadie que parte, quiere vernos agachados arrastrando los pies. No se trata de dejar que “pasen” los minutos, las horas, los días, los años. Se trata de “vivirlos” intensamente hasta que seamos llamados al mismo lugar al que se fueron quienes se nos adelantaron.





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